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Una empresa abre una nueva sede y adapta sus puestos a las necesidades de ese centro. Después llega otra delegación, quizá en otra provincia, con un convenio diferente y una organización propia. Con el tiempo, lo que comenzó siendo una adaptación lógica puede terminar convirtiéndose en un problema de gestión: puestos equivalentes con nombres distintos, funciones difíciles de comparar, responsables con diferente nivel de autonomía y procesos de Recursos Humanos que funcionan de una manera distinta en cada ubicación.
Redacción

Una empresa abre una nueva sede y adapta sus puestos a las necesidades de ese centro. Después llega otra delegación, quizá en otra provincia, con un convenio diferente y una organización propia. Con el tiempo, lo que comenzó siendo una adaptación lógica puede terminar convirtiéndose en un problema de gestión: puestos equivalentes con nombres distintos, funciones difíciles de comparar, responsables con diferente nivel de autonomía y procesos de Recursos Humanos que funcionan de una manera distinta en cada ubicación.
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Una empresa abre una nueva sede y adapta sus puestos a las necesidades de ese centro. Después llega otra delegación, quizá en otra provincia, con un convenio diferente y una organización propia. Con el tiempo, lo que comenzó siendo una adaptación lógica puede terminar convirtiéndose en un problema de gestión: puestos equivalentes con nombres distintos, funciones difíciles de comparar, responsables con diferente nivel de autonomía y procesos de Recursos Humanos que funcionan de una manera distinta en cada ubicación.
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