El TSCAT reclama más prevención, una mejor coordinación de los servicios de atención y medidas efectivas contra la pobreza energética
El Colegio Oficial de Trabajo Social de Cataluña (TSCAT) alerta de que el calor extremo se está convirtiendo ya en un nuevo factor de exclusión social que castiga especialmente a las personas mayores, las familias con menos recursos y las personas con dependencia o problemas de salud. Ante el aumento de las olas de calor y de las muertes asociadas a las altas temperaturas, las profesionales del trabajo social reclaman abordar este fenómeno como una cuestión de derechos sociales y de salud pública.
La OMS calcula que el calor provoca unas 489.000 muertes anuales en el mundo y que la mortalidad asociada a las altas temperaturas en personas mayores de 65 años ha aumentado un 85% en las últimas décadas. En Cataluña, el pasado mes de junio de 2026 se han registrado 218 muertes atribuidas al calor, todo un triste récord histórico. De hecho, 130 de estas defunciones se concentraron en una sola semana de ola de calor.
A raíz de estas cifras, el TSCAT alerta que el calor extremo se está convirtiendo ya en una nueva forma de desigualdad social. La pobreza energética, la precariedad residencial, la carencia de redes de apoyo o las dificultades de acceso a los servicios y recursos comunitarios aumentan la vulnerabilidad de muchas personas y pueden tener consecuencias graves para su salud y calidad de vida. Precisamente lo que pide el TSCAT, un verano más, es que el debate no se centre solo en las temperaturas récord, sino en qué personas tienen menos capacidad para protegerse.
Según la decana de la entidad, Laura Morro, "tenemos que situar el calor extremo como una cuestión de derechos sociales, vivienda digna, curas y salud comunitaria. Nos preocupa profundamente porque consideramos que no solo estamos hablando de una emergencia meteorológica. Estamos cansadas de escuchar cifras, pero detrás de cada cifra hay personas que sufren y ven vulnerados sus derechos más básicos".
De ahí que la entidad reclame una vez más reforzar la prevención y la detección de situaciones de riesgo, mejorar la coordinación entre los servicios sociales, sanitarios y comunitarios e impulsar medidas contra la pobreza energética que garanticen condiciones de vida dignas para las personas más vulnerables.
Como parte de la tarea que desarrollan cada día las profesionales que atienden y acompañan a personas y familias en situaciones muy delicadas como las olas de calor, cada vez más frecuentes, las trabajadoras sociales continuarán haciendo valer el papel y los valores de la profesión y denunciando una realidad que tiene que cambiar de la mano de las administraciones y de las profesionales del trabajo social.





