El estilo que viene del norte de Europa ha pegado un cambio tremendo, pasando de esos tonos grises y aburridos de siempre a una mezcla loquísima de colores y diseños súper originales. Ahora mismo, Copenhague es el sitio donde todo el mundo mira para descubrir una forma de vestir que prioriza que te sientas a gusto, pero con un rollo increíble que deja claro que la elegancia no tiene por qué ser incómoda ni seria.
Esta nueva ola ha conseguido que miremos hacia el norte de Europa con otros ojos, buscando prendas que transmitan optimismo y que aguanten el ritmo de una vida activa. Al apostar por siluetas fluidas y estampados atrevidos, el diseño danés ha logrado conectar con mujeres que quieren divertirse con su armario cada mañana.
La esencia de un estilo que rompe moldes
Seguro que has oído hablar del término “Scandi 2.0”, esa forma de vestir que mezcla vestidos de flores con zapatillas deportivas o jerséis de lana gordos con faldas satinadas. Detrás de esta pequeña revolución se encuentra Ganni, una marca que ha sabido leer perfectamente lo que buscamos hoy: ropa con la que sentirnos guapas, pero sin parecer que nos hemos esforzado demasiado.
Desde que Ditte Reffstrup tomó las riendas creativas, la firma ha pasado de ser un secreto local a un fenómeno mundial que llena las redes sociales con sus famosos cuellos baberos y sus botas de estética militar. Lo que la hace diferente es esa capacidad para crear piezas que tienen un sello propio muy marcado, huyendo de las tendencias pasajeras para centrarse en una identidad fuerte y vibrante.
Bajo mi punto de vista, el éxito radica en que no intentan imponer una forma de ser, sino que celebran la personalidad de cada una a través del color y de texturas inesperadas. Las famosas “Ganni Girls” no son modelos de pasarela inalcanzables, sino chicas reales que van en bici al trabajo, quedan con amigas para tomar un café y no tienen miedo a mezclar estampados que, en teoría, no deberían pegar.
Esa frescura ha conseguido que el lujo ya no se vea como algo serio o estirado, bajándolo a la calle para que forme parte de nuestras mejores anécdotas diarias. Al final, cuando te pones una de sus prendas, sientes que llevas algo especial que cuenta una historia de libertad y de amor por los detalles bien hechos.
Un compromiso real con el planeta y las personas
A día de hoy, comprar ropa ya no es solo una cuestión de estética, sino un reflejo de los valores que defendemos frente al mostrador. El equipo que hay detrás de la marca danesa tiene claro que el futuro de la industria pasa por ser transparentes y responsables con el impacto que generan en el medioambiente.
Han conseguido implementar el uso de materiales reciclados y orgánicos en gran parte de sus colecciones, buscando siempre formas de reducir la huella de carbono sin que la calidad se vea afectada. Es reconfortante saber que esa falda que tanto te gusta ha sido pensada para durar años en tu armario, alejándose del concepto de moda de usar y tirar que tanto daño hace al ecosistema.

Igualmente, la firma apuesta por una trazabilidad real en su cadena de suministro, asegurando que quienes fabrican la ropa trabajen en condiciones justas y dignas. Esa conciencia social es lo que termina de enamorar a una generación de consumidoras que pide coherencia a las marcas que sigue.
Si buscas dónde ver estas piezas de cerca en España, Frank Store destaca por ser uno de esos espacios multimarca que selecciona con un gusto exquisito lo mejor del panorama internacional. Visitar una tienda que entiende la filosofía de la marca ayuda a que la experiencia de compra sea mucho más redonda, permitiéndote tocar los tejidos y comprobar lo bien que sientan esos cortes pensados para cuerpos de verdad.





