La alta especialización de la Enfermería oncológica se consolida como un pilar clave para mejorar la calidad asistencial y reducir el sufrimiento de los pacientes con cáncer. Así lo subraya el Cancer Center Clínica Universidad de Navarra, que pone el foco en el papel de las enfermeras especializadas como eje vertebrador del proceso asistencial, combinando tratamientos innovadores, coordinación clínica y acompañamiento humano durante la hospitalización.
Este trabajo, a menudo discreto pero esencial, se desarrolla a diario en la planta de Onco-Hematología de la Clínica Universidad de Navarra en Pamplona. Allí, la enfermera supervisora Cristina Arellano coordina un equipo que acompaña a pacientes y familias en algunos de los momentos más complejos de su vida.
Arellano acumula años de experiencia en Enfermería oncológica, una disciplina que exige tanto conocimientos técnicos avanzados como una presencia constante junto al paciente. Su labor va más allá de la administración de tratamientos o el seguimiento de protocolos: implica anticiparse a posibles complicaciones, coordinar equipos y convertirse en un referente estable durante ingresos que, en muchos casos, se prolongan o se repiten en el tiempo.
“La especialización permite detectar antes los problemas y actuar con rapidez”, explica la supervisora. “Cuanto antes se identifica una complicación, antes se interviene, y eso tiene un impacto directo en la evolución del paciente”.
La transformación de la Oncología en los últimos años —con la llegada de inmunoterapias, terapias celulares y ensayos clínicos— exige que las enfermeras manejen tratamientos complejos, dispositivos específicos y posibles efectos adversos con gran precisión. Esta formación especializada se traduce en cuidados más seguros y personalizados.
Pero el valor de la Enfermería oncológica no es solo técnico. Durante la hospitalización, la enfermera es el profesional que mantiene un contacto más estrecho con el paciente y su familia. “El paciente te ve como su referente. Eres quien escucha, quien explica y quien traslada sus necesidades al resto del equipo”, señala Arellano.
Reducir sufrimiento y mejorar la experiencia
En Oncología, recuerdan los profesionales, no siempre es posible curar, pero siempre es posible cuidar. Una parte esencial del trabajo enfermero consiste en aliviar síntomas, ofrecer apoyo emocional y ayudar a transitar momentos difíciles con respeto y humanidad.
Arellano insiste en la importancia de acompañar sin desbordarse emocionalmente: “Si una persona cae a un hoyo y tú te tiras con ella, no ayudas. Tienes que agacharte, darle la mano y ayudarla a subir”.
Este enfoque se apoya en una estrecha coordinación multidisciplinar. En la planta se celebran reuniones periódicas con oncólogos, hematólogos, farmacéuticos, psicooncólogos, especialistas en nutrición y en medicina paliativa, lo que permite ajustar decisiones clínicas, evitar retrasos y reducir incertidumbres.
El perfil del paciente oncológico es además cada vez más diverso, con personas procedentes de distintos países y contextos culturales atraídas por tratamientos avanzados. En ese escenario, la Enfermería especializada desempeña un papel decisivo para que el paciente se sienta comprendido y acompañado, incluso cuando existen barreras idiomáticas.
La experiencia acumulada confirma que invertir en Enfermería oncológica especializada mejora la calidad de vida, reduce el sufrimiento evitable y aporta seguridad a un proceso ya de por sí complejo, reforzando así el valor de los cuidados como parte esencial del tratamiento del cáncer.








