Hablar de seguros de vida, ahorro o jubilación sigue generando rechazo. Se asocian al miedo, a la edad o a un futuro lejano que siempre parece no llegar. Sin embargo, cuando la vida cambia —una hipoteca, hijos, una enfermedad—, estas pólizas dejan de ser teóricas y se convierten en una necesidad real.
Desde Asesoranz, correduría dirigida por Marta y Laura Peligros, insisten en una idea clave: “No se trata de asustar, se trata de planificar”.
El seguro de vida: mucho más que una hipoteca
La mayoría de las personas contrata un seguro de vida al firmar una hipoteca. El banco lo exige para garantizar el cobro en caso de fallecimiento. Pero ese seguro solo protege al banco, no a la familia.
“Si fallece la persona que más ingresos aporta, los ingresos familiares se desploman”, explican. La pensión de viudedad y orfandad rara vez cubre el nivel de vida previo.
Por eso, recomiendan dos pólizas:
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Una vinculada al préstamo (capital decreciente)
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Otra personal, para proteger a la familia
Liquidez cuando más se necesita
El seguro de vida no soluciona la vida, pero da tiempo. Tiempo para adaptarse, reorganizarse y tomar decisiones sin presión económica.
Además, aporta algo clave: liquidez inmediata. Tener patrimonio no sirve si no se puede convertir rápidamente en dinero.
Invalidez: el gran olvidado
Muchas personas piensan solo en el fallecimiento, pero la invalidez puede ser aún más dura. Una enfermedad o accidente puede impedir trabajar y reducir drásticamente los ingresos.
Adaptar una vivienda, recibir cuidados o mantener a la familia requiere recursos. El seguro de vida cubre también estos supuestos si está bien diseñado.
Vida o accidente: no es lo mismo
Uno de los errores más comunes es confundir una póliza de vida con una de accidente. Esta última solo cubre accidentes, no enfermedades. Por eso es más barata.
“El problema es que mucha gente no sabe lo que tiene contratado”, explican.
Ahorro y jubilación: empezar antes de los 50
El mayor error es pensar en la jubilación demasiado tarde. A partir de los 50 años llegan las prisas y las decisiones precipitadas.
Los productos de ahorro permiten:
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Complementar la pensión pública
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Beneficiarse de ventajas fiscales
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Rescatar el capital como renta, no de golpe
“El objetivo no es cobrar todo de una vez, sino recibir un complemento mensual”, señalan.
Planificación y asesoramiento
El problema no es el producto, sino cómo se contrata y cómo se rescata. Una mala planificación fiscal puede arruinar años de ahorro.
Por eso, en Asesoranz apuestan por acompañar desde el inicio hasta el final. “El ahorro no es magia, es constancia y asesoramiento”.
Pensar hoy para vivir mañana
Asegurar la vida, el ahorro o la jubilación no es ser pesimista. Es ser responsable. Porque el futuro llega antes de lo que creemos.
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