Pamplona Actual

Esteban Barrachina, navarro atrapado en Doha: “Viajo mucho, pero es la primera vez que me pasa algo así”

Este ingeniero navarro de 34 años, sigue a la espera de novedades en Doha bajo el eco de misiles y helicópteros tras la escalada entre EE UU, Israel e Irán

PUBLICIDAD

Navarro atrapado en Doha por los ataques a Irán

Esteban Barrachina, en una imagen

Helicópteros militares sobrevolando el cielo de Qatar

Natural de Carcastillo y afincado laboralmente en Australia, el navarro Esteban Barrachina es uno de los decenas de españoles retenidos en países del golfo pérsico, como la capital de Qatar, Doha,  cuando este sábado se cerró el espacio aéreo por los ataques cruzados. “Si no digo nada es que todo está bien”, tranquiliza a su familia mientras espera noticias de la embajada.

Todo empezó como una película, este ingeniero navarro, 34 años, recién llegado de Australia, despertando en mitad de un vuelo hacia Barcelona donde iba a pasar el fin de semana junto a su hermano, y descubriendo que su avión no ha avanzado ni un kilómetro hacia su destino. En la pantalla, el mapa sigue anclado en Doha. Afuera, el cielo del Golfo Pérsico comienza a llenarse de helicópteros y, horas después, de explosiones lejanas.

Así comenzó el encierro casi forzoso de Esteban Barrachina, natural de Carcastillo, en la capital de Doha, tras el cierre del espacio aéreo provocado por los ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán y los contraataques iraníes a bases estadounidenses o de israel.

“Me desperté a las cuatro horas y pensé que la imagen estaba mal”, relata con una serenidad que contrasta con el estruendo que describe. “Pregunté al de al lado y me dijo que habían cerrado el espacio aéreo por misiles. Habíamos ido casi hasta la frontera con Irán cuando nos hicieron volver”.

Del aeropuerto al hotel: “Todo cancelado”

El avión permaneció aproximadamente una hora en pista. Nadie sabía qué ocurría. “La tripulación nos decía que no tenían información. Luego nos hicieron bajar y empezaron a cancelar todo. Las pantallas eran una sucesión de ‘cancelado, cancelado, cancelado’”.

La primera noche pensó en quedarse en el aeropuerto. Su jefa, desde Cataluña le convenció de lo contrario. “Me dijo que lo primero era mi seguridad. Me buscó un hotel al lado del aeropuerto y me pidió que cogiera tres noches. Luego amplió la reserva otros tres días”.

El domingo lo pasó prácticamente confinado en el hotel. “Nos llegaban alertas de que no saliéramos. Ni siquiera podíamos ir al patio o a la piscina. Es entendible”. Este lunes la calma fue relativa: a primera hora, helicópteros sobrevolando la zona; después, tres o cuatro explosiones que se escucharon hacia las ocho de la mañana.

Desde otra habitación, un compañero logró grabar el paso de misiles en el cielo. “Yo los escuchaba desde el balcón. En el aeropuerto también vimos algo el sábado, pero no lo grabé”.

Un ingeniero global en tierra de nadie

Barrachina trabaja diseñando y automatizando naves industriales para grandes multinacionales como Nike y Amazon. Acababa de terminar un proyecto en Australia y regresaba para pasar unos días en Barcelona con su hermano antes de viajar a Estados Unidos. “Viajo mucho, pero es la primera vez que me pasa algo así”, admite. Y sonríe al pensar en el equipaje: su maleta, con el bañador y la ropa deportiva, sigue en el aeropuerto. “Menos mal que llevaba algo de ropa interior en la mochila”.

25 españoles y un grupo de WhatsApp

En el aeropuerto comenzó a tejerse una red improvisada de apoyo. Escuchó hablar español en el pasillo y se acercó. Desde entonces, un grupo de WhatsApp reúne ya a 25 compatriotas repartidos por distintos hoteles.

“Nos vamos pasando la información. Hay de todo: algunos quieren irse a hacer tours por la ciudad y otros les decimos que hagan el favor de quedarse en el hotel”. Entre ellos hay jóvenes que regresaban de Bali, madrileños, sevillanos, o un gallego. 

La embajada ya les ha confirmado que están registrados y que recibirán instrucciones en función de la evolución de la crisis. “Nos dicen que estemos pendientes y que no hagamos tonterías”.

La familia, en vilo

A miles de kilómetros, en Navarra, su madre sigue cada noticia con el corazón encogido. “Está hecha un manojo de nervios”, bromea. Su padre le ha pedido algo más sencillo: “Haz el favor de mandar una foto”. Él se define como “desapegado”: “Si no digo nada es que todo está bien”.

Y, de momento, lo está. “Estoy en una zona muy alejada de posibles objetivos. Aquí no debería caer nada”. Habla con cautela, consciente de que la situación cambia por horas. “Si me lo hubieras preguntado a las seis y media de la mañana te habría dicho que sí, que esto se arregla pronto. Luego a las ocho escuchas explosiones y ya no sabes qué decir”.

Optimista por naturaleza, Esteban espera que los canales diplomáticos y la reapertura del espacio aéreo le permitan regresar en cuestión de días. Mientras tanto, en una habitación de hotel en Doha, bajo el rumor intermitente de helicópteros, un ingeniero de Carcastillo mide el tiempo no en horas, sino en actualizaciones oficiales: “Hoy dicen que mañana a las nueve habrá novedades. Y así vamos viendo”.

ÚNETE A NUESTRO BOLETÍN