“Nos centramos en mostrar los motivos por los que las personas migran”

PAU COLL, fotoperiodista

La masiva migración de población centroamericana hacia Estados Unidos, empujada por la violencia, ha sido un fenómeno en gran parte desconocido hasta ahora. Pau Coll, fotoperiodista e integrante del colectivo RUIDO Photo, se sumerge en las causas de dicho fenómeno y la evolución que ha ido experimentado desde hace más de una década. 

Lo hace para presentar la exposición “En el camino”, una de las actividades con las que Asamblea de Cooperación por la Paz quiere poner el foco sobre las violaciones de derechos que sufren las personas migrantes y refugiadas. 

La muestra forma parte de la campaña “Camina conmigo” que la Asamblea promueve con la colaboración del Ayuntamiento de Estella, especialmente de su área de Igualdad, y podrá verse en el mismo Ayuntamiento del 29 de noviembre al 10 de diciembre. 

¿Qué vamos a encontrar en la exposición “En el camino”?

En los últimos años hemos empezado a ver aquí a personas hondureñas, salvadoreñas… es decir, comunidades a las que no estábamos acostumbrados y nos preguntamos de dónde vienen. Intentamos contar que son refugiadas porque están huyendo de una violencia extrema, porque el triángulo norte de Centroamérica (El Salvador, Guatemala y Honduras) tiene índices que superan los de un conflicto armado. 

Nos centramos en los motivos por los que huyen, tratando de explicar el origen de esa violencia de una forma pedagógica. No se trata de organizaciones criminales que dominan un territorio y se van, sino que están formadas por personas sin recursos. Hablamos de comunidades en las que no hay ninguna oportunidad de prosperar y la mara, la pandilla, es el único lugar que les da una perspectiva de futuro. El problema es que estas organizaciones utilizan una violencia extrema, heredada de los conflictos armados, y las políticas públicas para afrontarla son nefastas. Están basadas en la represión, no abordan de dónde surge ni dan ninguna herramienta para la rehabilitación. 

Nos fijamos en los orígenes de esa migración, pero también en las dificultades que hay en la ruta hasta los Estados Unidos, porque igual que Europa, estos utilizan una política de externalización de fronteras. México es el gran muro. Los migrantes convierten en ilegales al pasar Guatemala, por lo que sufren todo tipo de represión, sin ninguna herramienta con la que defenderse de los abusos y la deportación.

Camináis al lado de estas personas para contar sus historias, por lo que sois testigos privilegiados de cómo han ido cambiando estas rutas migratorias durante estos años… 

Es una exposición en la que hay fotos de una década. Los flujos migratorios cambian rápidamente porque la motivación migratoria del ser humano es tan fuerte que, aunque coloques un gran muro, siempre vas a buscar otro lugar por donde pasar. La migración siempre ha existido y siempre va a existir. 

El cambio es que, a principios de la década pasada, era una migración, en gran parte, económica, y lo que vemos en los últimos años es que ahora las personas migran a causa de la violencia. Se ha recrudecido y ya no tratan de conseguir un futuro mejor para sus familias, sino que huyen porque están amenazadas de muerte, porque han asesinado a alguien cercano, porque tienen miedo… Algunos años se han registrado hasta 500.000 migrantes cruzando México.

Además, surgen las caravanas. Esta ruta migratoria, en la que a veces haces hasta 5.000 kilómetros, es muy complicada. Te conviertes en ilegal, te extorsiona la policía, te asaltan, te roban, para evitar controles policiales te subes como polizonte a bordo de trenes de carga, la llamada “bestia”, de la que te caes, te secuestran… El narco empezó a lucrarse con el migrante con secuestros masivos, Pide pequeñas rentas, pero secuestra a grupos de 300 migrantes. Como estos no tienen dinero, extorsionan a sus familias. 

Las caravanas nacen para protegerse de todos estos abusos. En las primeras, en 2018, entre grupos de Honduras, Guatemala y El salvador, se llegaron a unir hasta 9.000 personas que viajaban juntas. Mediáticamente, se puso el foco en lo que les sucedía en el camino y eso también les protegió para llegar hasta el muro de Estados Unidos, cruzarlo clandestinamente y pedir asilo como refugiadas. Así empieza una solicitud que normalmente es denegada.

¿Qué reacciones ha habido ante las caravanas?

Las caravanas empezaron en época Trump. Se separa a las familias y se deporta a la gente a origen, es decir, hacen que el recorrido sea lo más largo posible Es un sistema de abuso para desgastar psicológicamente a las personas migrantes y que no sigan intentando pasar. Lo que estamos viendo es que la externalización de la frontera se produce ya en la frontera entre Guatemala y México. Están bajando la frontera para alejar el problema y cuanto más lejos está, más barbaridades se comenten y menos ruido suponen.   

En Europa hacemos exactamente lo mismo. En España enseñamos técnicas de externalización. Primero era Marruecos, pero ahora los flujos migratorios de África Occidental empiezan en Níger, justo antes de empezar el desierto. Son zonas en las que empiezas a ser ilegal muchos kilómetros atrás. Cruzas el desierto siendo ilegal. No hay datos, pero sabemos que allí muere muchísima gente. La idea es ir colocando la frontera cada vez más lejos y hacer más duro y largo el camino a base de violar los derechos humanos de forma sistemática. 

Has hablado de cómo afecta esta violación de los derechos humanos a las familias. ¿Lo hace a menores y mujeres de forma más específica?

Todas las rutas migratorias son complicadas. Te juegas la vida, y si eres menor o mujer, sabes que estás más indefensa. Entonces ya no migras tanto porque hay una violencia específica contra ti. Hace años había datos que contaban que el 100% de las mujeres en esta ruta sufría una agresión sexual. 

También hay muchos menores en ruta, pero nuestra idea de menor de edad no es la misma que en Centroamérica, en África Occidental… Hay lugares en los que es normal que con 12 o 14 años te consideres adulto y quieras prosperar. En Centroamérica es también la edad en la que la pandilla te reclama. Si vives en el territorio, te van a pedir que formes parte de su ejército. Hay muchos jóvenes que se niegan y con eso se juegan la vida. Es uno de los motivos por los que niños de 11 o 12 años tengan que hacer este camino solos y sin recursos. 

Pero también encontramos en la ruta ejemplos de solidaridad… 

Siempre hay esperanza y los casos de solidaridad que te encuentras son muy de base. El más conocido es el de las “Patronas”, mujeres mayores que hacen recolectas de alimentos, cocinan para los polizontes del tren y les tiran comida, agua… Hay muchos defensores, albergues… Siempre de forma independiente. 

Lo que tenemos claro es que las migraciones no dejarán de existir porque forma parte de la condición humana querer prosperar y ¿cuál es la forma? Pues, en muchas ocasiones, irme a otro lugar, igual que hicieron mis abuelos o igual que haría yo si me encontrase en esta misma circunstancia. Ahora existen 280 millones de personas migrantes en el mundo. Nunca había habido esta cantidad de migración y con la crisis climática… Esto va a ser una bomba. Tengo la esperanza de que en Europa nos demos cuenta de una vez de que somos un continente vacío y lleno de gente mayor. Se tiene que entender que nos tenemos que abrir al mundo. Pero todo está empeorando. 

¿Por qué es importante la sensibilización sobre estas cuestiones?

Tenemos que comprender estos fenómenos porque las políticas públicas que los provocan nacen aquí. En esta exposición hablamos de Estados Unidos, pero estamos recibiendo gente salvadoreña, hondureña… aquí. Tenemos que saber qué está pasando en sus países para entender qué hace aquí, para no discriminarla, para apoyarla… Aunque hablemos de políticas de Estados Unidos, esta exposición es un espejo de lo que sucede en Europa. La fotografía tiene un poder empatizador, es un lenguaje que nos acerca mucho a esta realidad. Yo no lo llamo sensibilizar, sino empatizar, empatizar con lo que les sucede a todas estas personas que están huyendo. 

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