El juego y la competición en Navarra: del pasado al presente

El deporte, la competición y el juego forman parte del ADN de los navarros. Solo en Estella hay en funcionamiento cerca de una treintena de entidades deportivas y lo mismo ocurre en el resto de la comunidad navarra. De hecho, Navarra es la comunidad autónoma con más deportistas federados en proporción al número de habitantes: 118 por cada 1000, según datos del Consejo General de Deportes.

¿Y cuál que es deporte con más federados en Navarra? La mayor parte de las fichas deportivas están vinculadas a la pelota vasca (21%), aunque también están fuertemente arraigadas otras especialidades deportivas, como el fútbol, el ciclismo, los deportes de montaña e incluso el besibol. Pero junto a estas actividades conviven otras especialidades que combinan la destreza, la fuerza física y la competitividad: son los juegos tradicionales de origen rural, que, pese al paso de los años, siguen presentes en numerosos municipios.

Juegos rurales en Navarra

Los juegos rurales están íntimamente vinculados a la historia de Navarra y el País Vasco. El trabajo en el campo exigía fuerza y destreza y acabó convirtiéndose en protagonista del ocio. A falta de otro tipo de entretenimientos, las competiciones de fuerza pasaron a ocupar un lugar destacado en reuniones y festejos.

  • Txingas: este deporte rural vasco, que consiste en recorrer un trayecto de ida y vuelta con pesas en ambas manos (txingas) no ha perdido su atractivo a lo largo de los años. De hecho, es una actividad fija en numerosas fiestas y celebraciones y a menudo se organizan competiciones femeninas y masculinas. Los hombres trasladan pesas de 50 kilos, mientras que las competidoras femeninas hacen lo propio con txingas de 25 kilos. El recorrido se realiza en una pista de 25 metros llamada plaza. El ganador es el que más plazas completa sin dejar las pesas en el suelo.
  • Aizkora: el arte de cortar madera con hacha tiene en Navarra nombres propios, como los campeones Ezequiel Arano, Ramón Baleztena, José María Mendizábal o Patxi Astbia. En las competiciones, los troncos, preferentemente de haya, se colocan en posición horizontal. Las claves del éxito son el ritmo, la precisión y una buena dosificación de la fuerza para concluir el trabajo con rapidez.
  • Levantamiento de piedra (harrijasotzailea): este deporte de fuerza ha traspasado fronteras gracias a la actividad de dos navarros: Iñaki Perurena y Mikel Saralegui. Los dos han protagonizado gestas impresionantes, levantando piedras que superaban los 300 Kilos en menos de 20 segundos. El deporte surgió en las canteras y se convirtió en espectáculo en 1925, cuando Víctor Zabala, Arteondo, empezó a hacer exhibiciones en plazas y lugares públicos.
  • Levantamiento de fardo: es otro deporte de fuerza muy presente en las celebraciones y certámenes de deporte rural. Consiste en levantar un fardo de 45 kilos a una altura de 7 metros y con ayuda de una polea. El ganador es el que más levantamientos realiza.

Desde sus orígenes, todos estos deportes llevaban una emoción añadida a la competición: las apuestas. Si en la actualidad, las apuestas deportivas y las competiciones de póker de 888 levantan pasiones en internet, antaño lo hacían los juegos tradicionales. Y el interés se mantiene.

Apuestas y competición: un vínculo indesligable

La afición de los navarros por las apuestas está recogida en los libros de Juan Ignacio Eztueta, historiador y experto en folklore vasco. En el siglo XVIII, los aldeanos apostaban ya con onzas de oro en los concursos y partidas que se organizaban. Transportaban el dinero en bolsas escondidas y, cuando no disponían de metal, apostaban cabezas de ganado o sus posesiones personales.

Una de las situaciones más recordadas se produjo en abril de 1955, durante una competición de hachas que tuvo lugar en la plaza de toros de San Sebastián. Competían el guipuzcoano Juan José Narvaiza, Luxia, y el legendario navarro Ramón Latasa y las apuestas llegaron a alcanzar el medio millón de pesetas, una auténtica fortuna en aquella época.

El juego, hoy

Las apuestas no han perdido fuelle a lo largo de los años y las cifras lo demuestran. Según datos de la Asociación de Consumidores de Navarra Irache, el 22 % de la población navarra participa en algún tipo de apuesta o juego de azar y el porcentaje va en aumento.

El auge del juego tiene mucho que ver con la expansión de internet. Aunque la mayor parte de jugadores sigue acudiendo en persona a los establecimientos para rellenar la quiniela o apostar en alguna lotería, el juego online se está abriendo camino con paso firme. Las apuestas en vivo, vinculadas a eventos deportivos que se están desarrollando en tiempo real, están alcanzando altos niveles de popularidad entre los navarros y junto a ellas las partidas de póker online, donde dominan la estrategia, la piscología y el cálculo.

El porqué de este auge del juego online tiene que ver con diversos factores. De un lado, está la comodidad de poder jugar desde cualquier dispositivo y cualquier hora del día. Las campañas de publicidad, basadas en caras conocidas del cine, la televisión o el deporte, también tienen su efecto imán, al igual que la posibilidad de ganar suculentos premios.

En cualquier caso, las asociaciones de consumidores y los propios casinos online apelan a desarrollar un juego responsable, poniendo un límite a las cantidades y acotando el tiempo que se dedica a la actividad.

Perfil de jugador navarro

Como ocurre en el resto de la península, la gran mayoría de aficionados a las apuestas y juegos de azar en Navarra son hombres. De hecho, de ese 22% de población navarra que juega habitualmente, solo un 4 % son mujeres.

Los usuarios de los casas de juego online son en su mayoría menores de 30 años, que centran su actividad en las apuestas deportivas en vivo y el póker online. A partir de esa edad, el porcentaje de usuarios online desciende y los apostantes se decantan más por las actividades presenciales, como acudir a una administración de loterías o jugar a la bonoloto en un estanco.

Entre la población de mayor edad, el hábito de las apuestas forma parte de un ritual que se ha mantenido a lo largo de los años. La costumbre de “ir a echar la quiniela” o comprar el cupón de la ONCE cada semana todavía se mantiene viva, a pesar del empuje de la oferta virtual.

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