Desarrollo Rural hace un “balance positivo” de la campaña cerealista en Navarra, con 831.000 toneladas de grano recogido

El Departamento de Desarrollo Rural y Medio Ambiente, a través de la sociedad pública INTIA, ha presentado un “balance positivo” de la campaña cerealista en Navarra en el transcurso de una jornada celebrada en Olite y que ha sido abierta por la consejera Itziar Gómez.

Así, responsables de INTIA ha compartido con las cooperativas asociadas los datos de balance de la campaña de cereales de este año, una cosecha que se cierra como la sexta mejor de los últimos 34 años. En concreto, la campaña ha logrado superar las 831.000 toneladas de grano recolectado, ha tenido un “balance desigual” por zonas y ha concluido “mejor de lo inicialmente previsto”.

Itziar Gómez ha inaugurado este encuentro, que ha servido para presentar los resultados de los ensayos de experimentación realizados en campo y adelantar las recomendaciones para la siguiente campaña.

En su intervención, Gómez ha subrayado “la importante labor investigadora que realiza INTIA caracterizada por tres elementos: el rigor en los ensayos, la imparcialidad en sus recomendaciones y su carácter de experimentación aplicada”. En ese sentido, ha señalado que “Navarra puede presumir de tener una empresa pública como INTIA, que integra en una misma organización la experimentación y el asesoramiento, lo que constituye un modelo único con respecto al resto de comunidades y de los pocos que cuenta con esa doble función en el ámbito de Europa”.

Por su parte, el coordinador de Experimentación de INTIA, Jesús Goñi, ha destacado que “no deja de ser una campaña medianamente buena en términos globales, dado que inicialmente se esperaba una mala cosecha y finalmente el resultado está siendo mejor de la previsto a priori, salvo en las zonas del sur. Además, los actuales precios altos de cereal contribuirán a mitigar el elevado coste de los inputs en este tipo de cultivos (fertilizantes, fitosanitarios, etc)”.

Se da la circunstancia de que marzo y abril se han caracterizado por haber sido unos meses “muy secos en un momento clave para el crecimiento del cereal, lo que ha condicionado mucho este periodo de la campaña”. A esto cabe sumar que los meses siguientes tampoco han sido muy favorables, lo que hacía prever una campaña negativa. “Sin embargo, y a pesar de la disparidad de rendimientos obtenidos entre las zonas más frescas y las más áridas, se trata de la sexta mejor cosecha cerealista de los últimos 34 años dentro de la tendencia al alza registrada en las décadas precedentes”, ha añadido Goñi.

Así lo corroboran las más de medio centenar de cooperativas asociadas a INTIA, de distintas zonas de Navarra, que han compartido sus datos de producción de cultivos extensivos de esta campaña, y que, en total, representan al 88% de la superficie cerealista de la Comunidad foral.

La cosecha total en Navarra ha alcanzado las 831.000 toneladas de grano, con lo que ha logrado mantenerse por encima de la barrera de las 800.000 toneladas como lo ha venido haciendo en los cinco ejercicios precedentes. Se trata en todo caso de resultados provisionales, a la espera de esta semana de recolección en trigo, pero que en ningún caso supondrá una gran modificación en el balance global de campaña.

El periodo seco de esta primavera ha tenido una mayor afección en la zona árida de la Ribera, con rendimientos medios en cebada de 772 kilos por hectárea, frente a los más de 2.800 del año pasado. Por el contrario, en la zona de Baja Montaña el rendimiento en esta campaña ha sido ligeramente superior con más de 5.300 kilos por hectárea en comparación con los 4.900 kilos registrados el pasado año. En cuanto al trigo, esta situación desigual por zonas agroclimáticas se ha repetido, acentuado en este 2021 por los dos meses muy secos de marzo y abril.

189.000 HECTÁREAS SEMBRADAS

La superficie sembrada de cultivos extensivos de invierno (cebada, trigo, avena, guisante, colza, veza, girasol y habas) asciende actualmente a las 189.336 hectáreas, una extensión total algo inferior a la del ejercicio pasado. No obstante, y como aspecto llamativo, por primera vez en varias décadas, el trigo ha superado a la cebada (46% de trigo frente a 37% de cebada).

Tradicionalmente la cebada ha sido superior al trigo, con una tendencia progresivamente cambiante por diferentes motivos. En cuanto a variedades, el trigo ha sabido adaptarse a algunas zonas del sur y a condiciones más adversas, con variedades como Berdún o sobre todo Filón en los últimos ejercicios (con buenos comportamientos en diversas zonas agroclimáticas), lo que ha propiciado el vuelco o este predominio por primera vez del trigo.

A esta situación se ha añadido el problema de las malas hierbas. Así, el trigo ha ofrecido más soluciones para afrontar este tipo de problemas con las adventicias. Jesús Goñi ha indicado que “sin embargo, hemos visto que una variedad tan tolerante como Filón ha comenzado a flaquear en algunas zonas sin tanta demostración de bondad, por lo que seguimos recomendando una diversificación varietal a pesar del buen comportamiento que sigue ofreciendo esta variedad rentable de trigo”. En este sentido, cabe indicar que la variedad Filón ocupa el 59% de la superficie cultivada, y la variedad Camargo, el 21%.

Para el año que viene no hay grandes novedades en recomendaciones en trigo de invierno y, aunque se prevé un escenario de estabilidad en la evolución varietal, INTIA considera que habrá que buscar otras variedades con nuevos parámetros que “aporten algún valor añadido, además de la productividad”. En cebada, esa evolución genética del trigo en los últimos años no se ha producido y tampoco se espera material novedoso que aporte una mejora del escenario actual.

ENFERMEDADES EN CEREALES

En cuanto a enfermedades foliares, la incidencia de la roya amarilla ha sido “mucho más suave” este año, con una reducción a la mitad con respecto a campañas anteriores, presumiblemente por causas meteorológicas. Jesús Goñi ha indicado que “este año hemos constatado algo que está teniendo un comportamiento similar a una enfermedad y que se ha dado en llamar ‘manchas climáticas’, con manchas en la hoja de cebada como reacción a las condiciones tan adversas padecidas”.

Por otra parte, este año se ha observado una mayor incidencia con el problema del mal de pie, una afección que daña la base del tallo de trigo y que repercute directamente en situaciones de resiembra, por lo que se recomienda no repetir ese mismo tipo de cultivo para evitar ese riesgo. El nivel de lucha será diferente en función de si afecta a las raíces (pie negro) o a la parte del tallo (Tapesia), pero en este último caso, algunas variedades pueden ser productivamente efectivas y ofrecen la posibilidad de combatir este tipo de enfermedades.

Por otro lado, el sector agrícola navarro se ha encontrado este año con la “gran incertidumbre” de si deben aportar ciertos fertilizantes como el fósforo debido a que su coste aumenta, cada vez en mayor medida. En esta jornada, y con la experiencia acumulada en ensayos como el de Ilundáin con más de 40 años de trayectoria, se ha señalado que “en una amplia mayoría de los casos no existiría perjuicio alguno para el cultivo en caso de no aplicar abono en una campaña”. En opinión del personal técnico de INTIA, se trataría de un riesgo muy asumible, fundamentalmente, por lo que supone de ahorro en costes de ese material.

Asimismo, la aparición de ciertas malas hierbas está siendo una problemática creciente en Navarra, siendo el máximo exponente el vallico. Este tipo de adventicia está demostrando una gran resistencia que impide su control, por lo que cabría plantearse la posibilidad de recurrir a soluciones alternativas que no pasan por los herbicidas: rotación de cultivos con el barbecho como opción clara, la siega del cultivo donde haya una gran presencia de vallico o incluso cambios en las fechas de siembra, ha explicado el Ejecutivo foral.

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